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EDULCORANTES

Engañando al cuerpo

As como se busca “emparchar” las carencias que genera la refinacin con agregados, con los edulcorantes no calricos se busca “remendar” el desorden generado por la avalancha de azcar en sangre. El mensaje suena atractivo: reemplace azcar por edulcorante y problema resuelto. Fcil para el consumidor y lucrativo para la industria del “diet”. Pero la realidad no es tan simple.

En primer lugar, se generaron endulzantes de sntesis qumica, de probado efecto txico. Nuestro Cdigo Alimentario autoriza el uso de sacarina, ciclamato y aspartame. Sobre este ltimo existen infinidad de estudios que demuestran su toxicidad [1]. Sobre el ciclamato, sus probados efectos cancergenos han generado su prohibicin en pases del primer mundo, como Estados Unidos. Tambin la sacarina ha sido prohibida en pases como Francia y Canad.

Ms all de los efectos cancergenos y neurolgicos, otro “problema” de los edulcorantes sintticos es que son ms baratos que el azcar y por tanto se utilizan a destajo por una cuestin de menor costo final. Esto expone a grandes grupos de consumidores (cuidadosos de su salud o incautos) a la ingesta de altas cantidades (“total es light”) de innecesarias sustancias ensuciantes. Este riesgo se magnifica en los niños, quienes por su menor masa corporal, arriban con mayor rapidez a los umbrales de toxicidad.

Aparentemente todo estaba resuelto con la “aparicin” de un edulcorante vegetal: la yerba dulce (stevia rebaudiana) que los indgenas guaranes recolectaban en el monte. En este caso, si bien surgieron las clsicas refinaciones para disponer solamente del principio endulzante puro (estevisido), es posible acceder a sus formas ms naturales (hierba, extractos integrales).

Sin embargo, sintticos, refinados o naturales, los edulcorantes no calricos, como los define la ley, comparten una caracterstica: “engañan” al cuerpo. Al aparecer el sabor dulce, el organismo pone en marcha una serie de mecanismos [2] de preparacin para metabolizar los azcares que se avecinan (secrecin de mensajeros y hormonas, como la insulina).

Pero luego del sabor dulce, los carbohidratos no llegan y el circuito queda trabajando en vaco, con el consiguiente daño para el cuerpo. La insulina circulante en sangre acta sobre el habitual azcar de reserva, generando hipoglucemia y el consecuente “apetito”. O sea que lejos de resolver el problema, los edulcorantes aumentan la toxemia, la ansiedad… y la obesidad!!!

No por caso los pragmticos criadores alemanes de cerdos usan la sacarina como agente de engorde, por su efecto obesognico. Un reciente estudio estadounidense [3] demostr que la ingesta cotidiana de gaseosasdiet incrementan un 67% el riesgo de desarrollar diabetes tipo II (de adulto) y generan otras alteraciones metablicas.

Y no olvidemos la masiva exposicin a estos compuestos. Recientemente una investigacin de la Charit Universittsmedizin de Berln, alert sobre los problemas del edulcorante sorbitol (E420), muy usado en golosinas y alimentos dietticos [4]. El sorbitol se absorbe muy mal en el intestino. Cantidades relativamente pequeñas (4 chicles lights) causan sntomas gastrointestinales como gases, hinchazn y calambres intestinales, en funcin de la cantidad ingerida. Dosis ms altas pueden causar diarrea osmtica… casi nada, comparado con los efectos del ciclamato o el aspartame…

"Me cuido, tomo edulcorantes"

Hemos visto lo que significan los edulcorantes, tanto a nivel de “engañoal cuerpo, como de daño generado por los productos de sntesis qumica, de probada toxicidad. Al consumir alimentos edulcorados artificialmente, estamos movilizando mecanismos, como la hipoglucemia, que derivan en ansiedad y mayor consumo de alimentos, tal como vimos en el captulo anterior.

¿Por qu nos apetecen los dulces? Bsicamente porque el azcar levanta rpidamente el nimo, a travs del incremento de serotonina en el cerebro. Y para activar este circuito de mensajeros hormonales (del cual es parte la insulina) hace falta azcar. Como los edulcorantes no la proveen, el cuerpo la pide a travs de harinas y fculas, en definitiva, distintas formas de azcar. El reclamo por este tipo de alimentos se hace ostensible, al igual que sus efectos obesognicos. Pero claro, la gente dice “yo me cuido y uso edulcorantes”.

Un dato que sirve para demostrar que todo esto no es ignorado por la comunidad cientfica e industrial. En Alemania la sacarina figura en la reglamentacin de alimentos autorizados para cra animal como “sustancia estimulante del apetito”, ya que es utilizada como eficaz agente de engorde en la cra de cerdos. Vimos tambin cmo demostraron en EEUU que la ingesta regular de gaseosas dietticas incrementa un 67% el riesgo de desarrollar diabetes tipo II y desordenes metablicos. ¿Piensa seguir con los “saludables” edulcorantes?


[1] Ver http://www.theecologist.net/files/articulos/29_art1.asp
[2] Respuesta de fase ceflica, del libro “Buen Provecho” de Udo Pollmer
[3] Universidad de Ciencias de la Salud de Texas (EEUU), realizado entre 2000 y 2007, y difundido en Diabetes Care el 16.1.09.
[4] Ver www.elmundo.es/elmundosalud/2008/01/10/medicina/

Extrado del libro "Nutricin Depurativa"