Ficha Técnica

OBRA IMPERDIBLE PARA PADRES

Cómo criar un hijo sano a pesar de su médico

Los dos libros anteriores del Dr. Robert S. Mendelsohn, Confesiones de un Médico Herético y Práctica Médica Machista, lo establecieron como el crítico principal de la medicina moderna, ayudando a estimular mejoras significativas en la práctica médica de los Estados Unidos. Este libro difiere de los anteriores, ya que el Dr. Mendelsohn se ocupa de su propia especialidad -la pediatría- que practicó y enseñó durante 30 años. Afirma que son los padres y no los médicos los más calificados para determinar el nivel de gravedad de las molestias infantiles; y que pueden y deben involucrarse en todo lo que respecta a la salud de sus hijos.

Este libro ofrece a los padres informaciones detalladas sobre el diagnóstico y tratamiento de las enfermedades de la infancia. Afirmando que un 95% de las visitas al consultorio pediátrico son innecesarias y hasta peligrosas, instruye cuidadosamente a los padres sobre cómo diagnosticar y tratar a sus hijos sin intervención médica, cómo determinar cuándo un niño está suficientemente enfermo como para necesitar un doctor y cómo tratar de evitar tratamientos innecesarios y potencialmente peligrosos al consultar al médico.

Esta obra del Dr. Mendelsohn básicamente busca equipar a los padres para asumir el papel medico principal en la vida de los hijos. El autor lo hace con su acostumbrado estilo fácil de leer y no técnico, cubriendo los síntomas y enfermedades más importantes experimentadas por el niño. Se incluyen capítulos sobre la crianza y el desarrollo, infancia, resfríos y gripes, infecciones de garganta, inoculaciones, problemas de visión y audición, nutrición, alergias, problemas de piel y emocionales. Es bueno recorrer los primeros conceptos que el autor aborda en la introducción:

“Este libro refleja mi creencia de que en pediatría, como en otras especialidades, en los Estados Unidos se practica mucha mala medicina. Sin embargo esto no implica que los médicos sean menos íntegros y compasivos que los demás humanos. Las imperfecciones yacen en la propia filosofía y enseñanza de la medicina, no en el carácter de los educandos.

Los médicos nos son culpables sino víctimas, como sus pacientes, del sistema. Son los primeros en perjudicarse por la manía de la educación médica, por intervenir en vez de prevenir; por su infatuación por las drogas y tecnología, por los ritos, costumbres, y actitudes egoístas indefendibles que imprime esta educación en todo estudiante que sobrevive su rígido y a menudo irrelevante currículo y aprendizaje.

Emergen con sus cerebros tan repletos de desatinos institucionalizados que no queda lugar para el sentido común. No me exceptúo de esta crítica que formulo a los demás pediatras. Confieso que inicié mi práctica médica creyendo en lo que me hablan enseñado, y durante muchos años mis pacientes pagaron el precio por ello. Afortunadamente, quizá por haber comenzado yo mismo a dictar clases a estudiantes de medicina, aprendí a cuestionar muchos de los principios médicos que habían martillado en mi mente y a sospechar de cada nueva droga, procedimiento quirúrgico e innovación médica que aparecía”.