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COMO EL TABACO Y EL ALCOHOL

Proponen regular el azúcar porque es tóxico

Lo sugiere un prestigioso investigador de EE.UU. Sostiene que desencadena varias enfermedades, que debe prohibirse en niños y llevar impuestos extras. La opinión de especialistas cordobeses.

El azúcar debe ser controlada como el alcohol y el tabaco para aliviar la carga en salud pública, sostiene el investigador Robert Lustig y sus colegas de las Universidad de California San Diego. Su trabajo (publicado a principios de febrero en la revista científica Nature ) explica que el azúcar está alimentando una pandemia mundial de obesidad que mata a 35 millones de personas al año en el mundo por su relación con enfermedades no transmisibles como la diabetes, enfermedades del corazón y cáncer.

Según Lustig, la toxicidad, adicción y alto consumo convierten al azúcar en la principal culpable de esta crisis de salud en países occidentales. Por este motivo, propone que las comidas procesadas con azúcar tengan impuestos adicionales para que el consumidor lo piense dos veces antes de adquirirlos.
También que los gobiernos determinen el número de establecimientos de comidas rápidas alrededor de los colegios y que exista una edad mínima para acceder a determinados alimentos.

El planteo es polémico porque la vinculación entre azúcar y problemas de salud no se ha zanjado a nivel científico con la contundencia suficiente como para decir que es tóxica.

“No estoy seguro si aumentar los precios puede ser exitoso, pero se puede legislar sobre composición de muchos alimentos”, asegura Luis de Loredo, médico del servicio de Diabetología y Nutrición del Hospital Privado.

Opiniones

“Son medidas drásticas y, como tales, difíciles de implementar y de que los consumidores las acepten, al menos en el corto plazo. Creo que primero se debería pensar en proveer información clara y concisa sobre los efectos del consumo de azúcar”, comenta Pablo Ribotta, investigador del Conicet y del Instituto Superior de Investigación, Desarrollo y Servicios en Alimentos de la Universidad Nacional de Córdoba.

"Estoy de acuerdo con que hay que regular el consumo de azúcares refinados. Pero lo más importante es determinar cuál es la política de Estado al respecto. Los esfuerzos que se están haciendo para regular el uso de la sal son interesantes”, agrega Rubén Salcedo, director médico de Sanatorio Diquecito y especializado en obesidad.

Lo que se sabe del azúcar es que son calorías vacías, que no aportan nutrientes pero engordan. Lustig entiende que además desencadena resistencia a la insulina y, por lo tanto, síndrome metabólico (SM), la principal causante de ataques cardíacos, diabetes y, dice Lustig amparado en algunas investigaciones, algunos tipos de cáncer. “El SM es una entidad clínica que conjuga obesidad abdominal, hipertensión arterial, grasas y glucosa alteradas. Las causas son especialmente la obesidad y el sedentarismo”, explica De Loredo.

Para Lustig, tener un hígado graso es la causante de resistencia a la insulina y el alto consumo de azúcar genera acumulación de grasa en este órgano.
El SM crece en todas partes del mundo. Según un estudio epidemiológico realizado en Córdoba por De Loredo, en 1994 el 35 por ciento de los cordobeses mayores de 30 años tenía SM. En 2007, esa cifra fue del 45 por ciento.

Las personas con sobrepeso u obesidad tienen más chances de tener SM. El aumento de las personas obesas va de la mano del crecimiento del SM. En 2007, un estudio de De Loredo en Deán Funes determinó que el 78 por ciento de las personas mayores de 30 años tenía sobrepeso u obesidad.

Salcedo entiende que la obesidad es producto de “la triada de la modernidad”: “La población está cada vez más sedentaria; cada vez hay más producción de alimentos industrializados que tienen un efecto cuasi adictivo y la población está cada vez más estresada y deprimida, lo que lleva al organismo a procurar alimentos gratificantes para sentirse mejor”.

También sin sobrepeso.

Pero el SM también aparece en personas delgadas (el 40 por ciento de los que lo padecen no tiene sobrepeso, señala Lustig). Con lo cual la solución para esquivarle a la diabetes y a los problemas cardíacos sería reducir el consumo de azúcar. La OMS recomienda que sólo 10 por ciento de las dos mil calorías diarias que necesitamos provenga de azúcares simples.

Los productos más azucarados son las gaseosas, golosinas, galletitas y productos de panificación.

“Desde hace años que insistimos en la necesidad de disminuir el consumo de azúcar, especialmente en niños y adolescentes. Agrega muchas calorías extras, que contribuyen al sobrepeso y obesidad y produce una sobreestimulación pancreática, lo cual puede aumentar el riesgo de diabetes y la cantidad de triglicéridos y derivar en un hígado graso”, dice De Loredo.

¿Si el azúcar es un problema, la solución es regularla como el tabaco o el alcohol? Los expertos entienden que algunas medidas propuestas por Lustig son drásticas y de difícil aplicación. Señalan como paso clave informar a la población en campañas educativas y también con el etiquetado de los productos. Y toman como ejemplo lo que ocurre en Buenos Aires con la sal. Allí se retiraron los saleros de los restaurantes, en el marco de la campaña para reducir los casos de hipertensión.

“Educar a los niños para formarlos en hábitos alimenticios sanos. Evitar en los colegios el consumo de estos productos en niños de hasta 6 años, que están formando el circuito neurológico de lo que es el gusto”, señala Salcedo.

“Una medida podría ser obligar informar, con caracteres fácilmente visibles, la cantidad de azúcar consumidos en una porción”, agrega Ribotta.

Una sustancia adictiva

Fructosa. La sacarosa (azúcar) es mitad glucosa y mitad fructosa. El problema es que mientras que la glucosa puede metabolizarla cualquier célula de nuestro organismo, a la fructuosa la metaboliza sólo el hígado.

Tóxica. A nivel de laboratorio y en animales, se sabe que si llega rápido mucha fructuosa al hígado, este transformará buena parte en grasa. El hígado graso induce al síndrome metabólico, considerado el problema fundamental de la obesidad y uno de los factores de riesgo para problemas cardíacos, diabetes tipo 2 y de algunos cánceres. Se discute si el mismo efecto ocurre en humanos y en un consumo a lo largo del tiempo.

Adicción. Es adictiva porque el azúcar afecta la ruta metabólica de la hormona grelina, la que controla nuestro apetito, y también de la hormona leptina, que ayuda a producir la sensación de saciedad. También reduce la señalización de la dopamina en el centro de recompensa del cerebro, lo que disminuye el placer que nos da consumir alimentos, por lo que acabamos comiendo más de la cuenta.

Ingrediente de reemplazo difícil en algunos productos

Eliminar el azúcar de algunos de los productos que consumimos puede ser fácil. Pero en otros casos hay que alterar el proceso productivo.

Existen edulcorantes artificiales (ciclamato de sodio y aspartamo) y naturales (stevia) que pueden suplantar el azúcar a la hora del té, el café o incluso en las bebidas gaseosas. Pero en otros productos, la sacarosa (azúcar) es irremplazable.
“Este reemplazo es difícil de lograr sin cambiar los procesos productivos y las características del alimento”, señala el investigador Pablo Ribotta.

Ocurre que, además de dulzura, el azúcar aporta otras propiedades. “Colaboran en la retención de agua, mejoran la conservación, proveen cuerpo, volumen, textura y características sensoriales específicas, como la dureza en una galleta, la crujibilidad en los cereales, la textura en un bizcochuelo, la viscosi­­­dad en productos tipo jarabes”, enumera.
En algunos alimentos se sustituyen por edulcorantes intensivos como el ciclamato de sodio o el aspartamo, pero estos productos también han recibido críticas con respecto a sus efectos sobre la salud. También se utiliza jarabe de glucosa, polisacáridos (gomas, almidones o celulosas modificadas) o polioles (sorbitol, xilitol, glicerol).

“El reemplazo parcial o total de la sacarosa y fructosa puede generar modificaciones de las propiedades sensoriales y en los procesos productivos, así como incrementos importantes de costo, según el ingrediente utilizado”, concluye Ribotta.

 La Voz del Interior, 12/03/2012, por Lucas Viano