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intestinos I

Síntomas de malfunción

Por todo lo antes visto y por simple sentido común ¿es posible pensar en resolver un problema crónico de salud sin ocuparse antes de resolver el desorden intestinal? La respuesta es obvia.

Para diagnosticar el desorden, resulta útil comenzar por conocer las condiciones del orden. Cuando los intestinos funcionan correctamente, las evacuaciones deben ser normales y generadas sin necesidad de otro auxilio externo que una alimentación equilibrada.

Dado que existe mucha confusión al respecto, conviene detenerse en la definición de normalidad, pues representa una de las herramientas sencillas y periódicas para controlar nuestro estado interno, sin necesidad de estudios sofisticados.

En primer lugar analicemos el tema de la frecuencia. Fisiológicamente, y respondiendo al reflejo gastrocólico, que funciona naturalmente en los niños, deberíamos evacuar tantas veces al día, como comidas importantes hayamos realizado.

Pero también debemos tener en cuenta la velocidad del tránsito intestinal. Mucha gente se califica de regular por el sólo hecho de evacuar diariamente, pero la supuesta regularidad puede encubrir retrasos de varios días, lo cual también significa constipación.

Hay muchos factores que condicionan la duración del tránsito intestinal: contenido de fibra en el alimento, tipo de alimento ingerido, estado del sistema nervioso, actividad física de la persona, etc. El Dr. Harvey Kellogg, autoridad mundial en la materia, sostenía que en condiciones ideales, el tránsito intestinal puede llevar entre 15 y 18 horas. Su colega, el Dr. Bernard Jensen, autor del libro “Limpieza de los tejidos a través del intestino”, considera las 18 horas como el plazo normal entre ingesta y evacuación.

Teniendo en cuenta que el moderno estilo de vida no es todo lo ideal que nuestra fisiología requiere, podemos convenir que los desechos deberían ser evacuados no más allá de 20 horas después de haberse ingerido el alimento. O sea que, en condiciones normales debemos evacuar dentro de las 20 horas de cada ingesta importante que realizamos. Esto significa que los desechos de un almuerzo deben eliminarse en la mañana siguiente.

Por cierto que el tipo de alimentación -y por tanto el tipo de flora resultante- condicionarán este período. Los vegetarianos, con flora prevalentemente fermentativa y mayor consumo de fibra, tendrán tendencia a un lapso más corto; en tanto una dieta carnívora, con predominio de flora putrefactiva y escasa fibra, provocará tiempos más largos. La preeminencia de alimentos refinados en la dieta, también será causa de ralentización del tránsito intestinal.

Podemos comprobar la velocidad de nuestro tránsito intestinal con una técnica muy sencilla: en la comida más importante del día (normalmente el almuerzo) debemos incluir una buena porción de algún nutriente de color (remolachas o espinacas), controlando luego el tiempo transcurrido hasta la aparición de heces teñidas de rojo o verde. Única precaución para no falsear el diagnóstico: no haber ingerido en los días previos, el alimento elegido como testigo. Si bien estas verduras pueden resultar ligeramente laxantes, son de todos modos indicadores eficaces para esta autoevaluación del tránsito intestinal.

Otra cuestión que brinda mucha información sobre nuestro estado intestinal, es el aspecto de la evacuación. Las heces normales se deben eliminar sin dificultad y deben tener: consistencia firme, sección uniforme, reducida y de estructura continua (forma de banana), color pardo, capacidad de flotar, ausencia de olor y no debe ensuciar la loza del inodoro ni el ano. El abundante uso de papel higiénico y desodorantes, es un claro síntoma de los problemas intestinales de la sociedad moderna.

Muchas indicaciones pueden extraerse de su aspecto anormal. El color amarillento o verdoso indica problemas biliares; el color oscuro, alto consumo de proteína animal y estreñimiento; la falta de forma, mucho consumo de lácteos y azúcares; heces contraídas, mucha sal, poco agua y falta de fibra; si se hunden, falta de fibra y/o mala masticación; sección abultada, excesiva dilatación del colon; color amarillento y consistencia pegajosa, dificultades en el páncreas y por ende en los niveles de glucosa en sangre.

Los gases intestinales también representan una señal sobre el funcionamiento intestinal. Si bien luego volveremos sobre el tema, podemos afirmar que en estado de equilibrio, las flatulencias deberían existir sólo ocasionalmente. La frecuente presencia de ventosidades, o peor aún, la habitual manifestación de este síntoma, indica excesiva fermentación o putrefacción de los alimentos en los intestinos, por tránsito demasiado lento y/o flora desequilibrada.

Otro indicador inequívoco de problemas intestinales es el vientre prominente (panza). La lentificación del tránsito y la acumulación de escorias en las paredes del colon, provoca dilatación de su sección transversal y consiguiente presión sobre la pared abdominal y los órganos inferiores (prolapso).

El Dr. Jensen reporta de su práctica quirúrgica, un intestino grueso de 27 cm de diámetro. En otro caso cita un colon congestionado, extraído de una autopsia con un peso total de 18 kg!!! Resulta increíble que vayamos por la vida con toda esa vieja inmundicia acumulada en nuestras entrañas…

El fenómeno de la distensión abdominal se ve agravado por carencias orgánicas (sobre todo de silicio, mineral responsable de la contracción del tubo intestinal) y también por falta de tono en la musculatura abdominal.

DIAGNOSIS ORIENTAL

Por su parte, la medicina tradicional china aporta gran cantidad de pautas para evaluar la función intestinal, estableciendo una interesante relación con aspectos psicológicos de la persona. No olvidemos que existe una íntima relación entre intestinos y emociones, dado que a través del sistema nervioso entérico se produce el 95% de la serotonina (neurotransmisor responsable del buen estado de ánimo) corporal [2].

La información que desarrollamos a continuación es una recopilación de diversos autores orientales y se complementa con una útil ejercitación para cada intestino. Se sugiere utilizar este material con tres objetivos principales. En primer lugar, hacer un autodiagnóstico de la situación actual, a fin de disponer de una herramienta para evaluar cambios en el futuro.

En segundo lugar, tomar consciencia de la influencia del desorden físico sobre las cuestiones emocionales, las cuales no podrán resolverse a menos que corrijamos las causas materiales. Por último, evaluar la posibilidad de recurrir a un acupuntor que pueda ayudar en el reequilibrio energético de nuestro sistema intestinal, como parte del proceso de cura profunda a nivel físico.

La relación de órganos pares o complementarios que plantea la milenaria medicina china, brinda indicadores válidos sobre la malfunción intestinal. El intestino delgado esta íntimamente conectado al corazón. O sea que los problemas cardíacos indican desorden intestinal y viceversa. El intestino delgado es el órgano encargado de extraer la “esencia” de los alimentos, por tanto su malfunción repercutirá, a nivel físico sobre la nutrición celular en general y a nivel sutil sobre nuestra capacidad de aprovechar lo valioso de nuestro entorno.

Zonas que reflejan sus problemas y se usan para diagnóstico, suelen ser la lengua y el labio inferior (un labio pálido indica mala absorción intestinal). La estación clave para trabajar el intestino delgado es el verano. El horario de máxima actividad durante la jornada es entre 13 y 15 horas. Veamos ahora como reconocer el estado funcional del intestino delgado, en relación a su potencial energético.

Síntomas de baja energía. Desnutrición, anemia, cansancio crónico (sobre todo a nivel de piernas), problemas en la parte baja de la espalda, estreñimiento, apendicitis, problemas menstruales, quistes ováricos, migrañas, etc. A nivel emocional, esta persona tiende a pensar demasiado, es ansiosa, tiende a controlar sus emociones pero le falta alegría y a veces experimenta profunda tristeza. Son personas que no son capaces de explotar sus capacidades naturales, lo cual les genera frustración y baja autoestima.

Síntomas de excesiva energía. Rigidez en las vértebras cervicales y en el plexo solar, sobre todo por la mañana, mala circulación en las extremidades (manos y pies fríos), se alternan estreñimiento crónico y diarrea, necesidad de orinar con frecuencia, hay problemas de vejiga y en las mujeres dolor de ovarios. A nivel emocional esta persona tiene firme determinación y capacidad de acabar lo que inicia. Son personas inquietas, trabajan demasiado, comen demasiado rápido, reprimen sus emociones, les cuesta relajarse y son muy ambiciosas, pero no aprecian sus logros.

Ejercicio para mejorar la circulación de energía. Sentado en el suelo, juntar las plantas de los pies, sujetándolos con las manos. Inclinarse hacia delante lo máximo posible, colocando los codos sobre las rodillas y tratando que la cabeza toque los dedos de los pies y las rodillas el suelo. No esforzarse demasiado. Mantener la posición relajadamente durante dos respiraciones conscientes. La incapacidad de tocar los pies con la cabeza es un indicador de problemas de corazón/intestino delgado. La práctica regular del ejercicio mejorará el funcionamiento de ambos órganos.

Por su parte el intestino grueso está ligado a los pulmones, razón por lo cual las problemáticas se influencian mutuamente. Cuando el colon está alterado, la expresión emocional no fluye y surge una respiración insuficiente que produce a su vez mala circulación, estreñimiento, calor en la cabeza, exceso de mucosidad y vértigos. A nivel emocional, el mal funcionamiento de estos órganos de eliminación, genera una difusa sensación de tristeza, apego, rigidez y egocentrismo. Esto se advierte físicamente a través de rigidez de columna y cuello, estreñimiento, espasmos musculares, afecciones de colon, etc.

Zonas que reflejan los problemas del intestino grueso y se usan para diagnóstico, suelen ser las manos y el labio inferior (un labio hinchado indica constipación). La estación clave para ocuparse del intestino grueso es el otoño. El horario de máxima actividad durante la jornada es entre 5 y 7 horas y por ello la normal evacuación matutina al levantarse. Veamos como reconocer el estado funcional del intestino grueso en relación con su potencial energético.

Síntomas de baja energía. Estreñimiento, congestión nasal y bronquial, diarrea ante la ingesta de alimentos integrales, frío en la zona abdominal. A nivel emocional la persona carece de determinación y valor; se dice que “no tiene agallas”. Son personas que suelen sentirse decepcionadas y dependientes, y que pueden caer fácilmente en la desesperación y la amargura.

Síntomas de excesiva energía. Dolores de cabeza, mucosidad, congestión nasal, hemorragia nasal, amigdalitis, dolor de encías y dentadura, palidez cutánea, ojos blanquecinos, dolor de hombros, opresión en el pecho, estreñimiento alternado con diarrea, tos, hemorroides y resfríos. La excesiva energía del colon, que no puede descargarse por abajo, se deriva al pulmón y genera los típicos problemas respiratorios. A nivel emocional esta persona está continuamente insatisfecha, es incapaz de apreciar algo, en sí misma y en los demás, por lo cual se siente aislada y sin amigos. Dedica demasiada energía a mezquindades, resentimientos y recuerdos negativos o inútiles.

Ejercicio para mejorar la circulación de energía. Parado, cruzar las manos por detrás y entrelazar los pulgares. Inclinarse hacia delante mientras se levantan los brazos lo máximo posible. En esa posición, relajar los músculos y hacer un par de respiraciones conscientes, visualizando la energía que desciende por el cuerpo. Repetir varias veces sin excesivo esfuerzo. La flexibilidad del movimiento indicará el buen funcionamiento del colon.


[1] Movimiento peristáltico masivo del colon, provocado por la entrada de alimentos en el estómago.
[2] Sistema nervioso autónomo alojado en el aparato digestivo y responsable del movimiento peristáltico. Por su complejidad, muchos científicos lo consideran como el “segundo cerebro” humano.

Extraído del libro "Cuerpo Saludable"