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INTESTINOS Y DEPURACIÓN

Método del agua salada

Habiendo evaluado beneficios y perjuicios de los distintos métodos de limpieza intestinal (tal como se indicara en Intestinos II: técnicas de limpieza) y partiendo de un proceso depurativo previo que indica la realización de ciertas técnicas precedentes (lavajes de colon, hepáticas profundas, limpieza de fluidos, oxigenación, cambios alimentarios, etc.), es bueno tomar conocimiento y experiencia del método hindú del agua salada.

Esta práctica puede realizarse una vez por año, aprovechando los cambios de estación. El momento más propicio es por la mañana en ayunas; mejor aún en un día festivo, en que no haya prisa y pueda aprovecharse el resto de la jornada para disfrutar la paz que invade el organismo. Es mejor estar solo, caminar y efectuar ejercicios de relajación, meditación o yoga.

Para la limpieza se utiliza agua salada, superando siempre la concentración salina del plasma sanguíneo (que es de aproximadamente 9 gramos por litro). La persona que encuentre desagradable la ingesta de agua salada, puede “enmascararla” con el caldo resultante de hervir verduras de hoja en agua, sin olvidar la adición de sal. La calidad de sal importa poco, ya que se desechará totalmente. El agua salada se tomará tibia o incluso algo caliente. Ello evita el enfriamiento que produce la toma de cantidades de agua fría. Además el agua caliente limpia mejor que la fría.

Efectuar la limpieza con agua salada puede llevar entre una y tres horas. La persona que efectúe su primera limpieza intestinal, debería practicar previamente los movimientos de conducción del agua, que se indican más adelante y que pueden verse en un video disponible en www.espaciodepurativo.com.ar, a fin de evitar inconvenientes en el momento de la eliminación.

En relación a los pequeños problemas que se pueden presentar durante la realización de la limpieza, cabe citar la eventual irritación del ano, que puede solucionarse con el lavado y la aplicación de aceite de oliva como lubricante.

Si nota su estómago lleno al final de la limpieza, es que ha quedado algo de agua en él. Para eliminarla se repetirá el ejercicio del primer movimiento, es decir el que elimina el agua del estómago abriendo el píloro. Si la sensación de llenado se produce más abajo, conviene detener la ingesta de agua, repetir los ejercicios y volver al inodoro. Una vez recobrada la sensación normal, se prosigue con el método. Al cabo de dos o tres evacuaciones, el agua saldrá solamente turbia, con variaciones en su color. Ello indica que el proceso es correcto y se debe continuar, hasta que el agua salga tan transparente como entra.

Si luego de la limpieza se advierte en las extremidades retención de líquidos (seguramente debido al uso de baja concentración salina y/o dificultades en el tránsito intestinal), basta con beber bastante agua o jugos de fruta, a fin de ir facilitando la eliminación del exceso acumulado. Esto se puede complementar con actividad física y movimiento. También ayudan posturas de yoga (como la “vela”) o reposo en tabla inclinada.

RECOMENDACIONES NUTRICIONALES

La semana previa a la limpieza, conviene ir preparando el intestino con una reducción de alimentos refinados, lácteos y cárnicos, sustituyéndolos por mayores cantidades de hortalizas, frutas y fibra soluble. También es aconsejable seguir este régimen luego de efectuada la limpieza intestinal.

Una vez finalizada la limpieza, se deberá realizar una comida media hora, máximo una hora después; no se debe dejar el tubo digestivo vacío durante más de una hora. Se puede iniciar con una banana bien madura y correctamente masticada o licuada. Luego conviene comer algún licuado de frutas y hortalizas (la palta es una hortaliza muy aconsejable), de consistencia espesa, al cual conviene añadir algo de aceite de oliva extra virgen, para lubricar nuevamente las paredes intestinales.

No se debe beber ningún líquido hasta haber efectuado la primera comida, caso contrario el “efecto sifón” continuaría y no podríamos poner fin a las evacuaciones. Tras esta comida inicial es aconsejable la toma de infusiones de plantas medicinales (diente de león, ortiga, zarzaparrilla…), que complementan la purificación total del organismo. También se aconseja reposar (evitando enfriarse), sin cargar la mente con lecturas, sino dejándose llevar por la relajación o música suave.

En las siguientes comidas y durante dos días, no se debe ingerir ningún tipo de alimento ni bebida ácida (yogur, leche, gaseosas, azúcares, alcohol), ni picantes (salsas, ajo, cebolla, condimentos), ni excitantes (café, té, chocolate). Simplemente consumir alimentos neutros, como hortalizas, frutas maduras y semillas activadas, todo muy bien masticado, picado o licuado. En una palabra, alimentos de fácil digestión y asimilación, que no irriten el intestino que acabamos de limpiar. El alcohol queda prohibido tanto antes como hasta al menos tres días después de haber realizado la limpieza.

LA TÉCNICA

• Calentar agua (o caldo de verduras), disolviendo unas tres cucharadas soperas de sal (una cucharada colmada tiene aproximadamente unos 6 gramos de sal) por litro (recordar que se debe superar holgadamente los 9 gramos/litro). Para el caso de la primera limpieza, prevea preparar unos 6 litros de agua salada (en las sucesivas usará cada vez menos cantidad para lograr el objetivo); aunque probablemente no use toda esa cantidad (cada organismo tendrá sus propios requerimientos), evitará tener que interrumpir el proceso para preparar más solución salina. También en la cantidad de sal es preferible pecar por exceso que por defecto. Poca cantidad de sal puede generar absorción de sodio y el consecuente efecto negativo sobre el organismo.

• Beber dos vasos de agua salada entre tibia y caliente. Efectuar los cuatro movimientos detallados (Ver video y/o descripción de los movimientos en la web, o debajo).

• Beber otros dos vasos de agua tibia. Efectuar nuevamente otro ciclo de cuatro movimientos.

• Repetir otra serie, completando la ingesta de seis vasos de agua salada y habiendo realizado tres series de movimientos.

• Ir al inodoro y esperar que se produzca la primera evacuación. Si no ocurre en cinco minutos, volver a efectuar otro ciclo de movimientos, sin tomar agua. Si no se produce la evacuación inicial, se deberá practicar un enema o ducha rectal, para inducir el efecto sifón. En caso de no producirse la evacuación, se aconseja interrumpir el proceso y considerar la posterior realización de un lavaje colónico, en razón de la evidente obstrucción interna (provocada por gases, parásitos, moco colónico, distensión intestinal…) o de problemas del abordaje (agua no lo bastante caliente y salada, temor a lo desconocido o al fracaso, rechazo inconsciente del método, etc).

• A partir de la primera evacuación, seguir con el ciclo completo: toma de agua, ciclo de movimientos e inodoro.

• Dar por concluida la limpieza cuando el agua salga tan limpia como entra. Esto puede requerir una veintena de vasos o incluso más, todo dependerá de la acumulación personal. Al terminar, dejar de tomar agua y permanecer cerca del lavabo durante una hora, ya que es normal evacuar un par de veces más. Recordar las recomendaciones nutricionales.

LOS MOVIMIENTOS

Con un ciclo de cuatro sencillos movimientos se facilita la conducción del agua por el tubo digestivo hasta su evacuación. Cada movimiento se efectúa alternativamente cuatro veces a cada lado, excepto el primero, que se aconseja efectuarlo seis veces. El ciclo total de movimientos demandará aproximadamente un minuto.

Movimiento 1: Con los pies separados unos 30 cm, los brazos elevados, los dedos entrelazados y las palmas hacia arriba, en posición erguida, efectuar giros de tórax hacia los costados: seis veces a cada lado con un total de doce inclinaciones, empezando por el lado izquierdo. Con estos movimientos evacuaremos el agua del estómago, pues abren el píloro.

Movimiento 2: Con la misma posición anterior de los pies, extender el brazo derecho horizontalmente y doblar el izquierdo, hasta que la mano toque la clavícula, momento en que se efectúa la rotación del tronco dirigiendo el brazo extendido hacia atrás, lo más lejos posible, mirando la punta de los dedos. Seguir rápidamente hacia el otro lado. Se hará el movimiento cuatro veces a cada lado, lo que comporta un total de ocho movimientos. Con estos movimientos se hace avanzar el agua por el intestino delgado.

Movimiento 3: Colocar el cuerpo extendido boca abajo y alzar la cabeza, apoyándose en las palmas de las manos (dirigidas hacia delante) y en los dedos de los pies (flexionados también hacia delante) con los pies separados unos 30 cm. Se gira cabeza, hombros y tronco hasta mirar el talón opuesto (si se empieza por la derecha deberá verse el talón izquierdo). Efectuar seguidos, sin parar, cuatro giros a cada lado; es decir, un total de ocho movimientos. Con estos movimientos se hace avanzar el agua por el final del intestino delgado.

Movimiento 4: Colocarse en cuclillas, con los pies separados 30 cm y con los talones colocados hacia el exterior de los muslos (no bajo las nalgas), y con las manos sobre las rodillas, que estarán separadas unos 50 cm. Primero girar la cabeza y el tronco hacia la derecha, colocando la rodilla izquierda sobre el suelo, delante del pie opuesto. Las manos ayudarán a efectuar los movimientos tratando que siempre se oprima una mitad del vientre, para presionar el colon. Para completar bien esta presión es útil mirar hacia atrás y presionar el abdomen. Estos movimientos se realizarán comprimiendo primero el lado derecho del abdomen, con el objeto de presionar el colon ascendente. Se efectuarán cuatro movimientos a cada lado, lo que supone un total de ocho giros. Con este movimiento se conducirá el agua a través del colon.



Basado en las indicaciones de “Higiene intestinal” de Soleil y Christian Tal Schaller (Obelisco), “Limpieza intestinal con agua salada” de J. Calmet Fontanet (Cuerpomente) y “Perfecciono mi yoga” de André Van Lysebeth (Pomaire).

Extraído de los libros "Cuerpo Saludable" y "El Proceso Depurativo"